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Atrases

Posted by Tin on 1:09 PM
Hace poco me enteré de la existencia del señor Chi. O quizás debería ser más exacto y decir “su no existencia” o su “casi existencia”. A Chi hace más de 2 meses que nadie lo ve. Eso si, todos lo recuerdan. El señor Chi es un simpático oriental de alrededor de 60 años que hasta hace poco compartía conmigo una particular condición: el señor Chi tenía miedo de dejar cosas atrás.

El señor Chi es (o era) un jubilado japonés. Supongo que de aburrido nomás, una mañana de miércoles decidió ir al cine a ver una película pochoclera, bien de mañana temprano en Japón. Se llamaba algo como “la historia del hombre que construyó un traje de superhéroe duro como la que te tiró de las patas”. Después de comprar su gaseosa y sus nachos con queso (Chi, según cuentan, no era ningún tarambana) plantó su japonesa humanidad en el cuarto asiento de la fila del medio, en una sala completamente vacía.

Al mismo tiempo, en las antípodas, yo plantaba mi menos escasa humanidad porteña en la misma ubicación de una sala del abasto. Con mi chico de turno decidimos disfrutar de una película pochoclera, bien de miércoles after office: “Iron Man”.

No pregunten por la película porque tanto Chi como yo tenemos pocos recuerdos de la cinta. Podría decirse que disfruté más la compañía que las desventuras del personaje, al igual que Chi quien presupongo, centró su atención en los nachos y el cambio de rutina.

Lo interesante sucedió al terminar la función.Al levantarme de casi cualquier lugar tengo la costumbre (compulsión) de mirar hacia atrás. Esto es, evidentemente, producto de la acumulación de olvidos que recojo en mi historial. Billeteras, celulares, mochilas, paquetes de cigarrillos, novios, amantes, esposas, hijos, uno puede olvidarse casi todo, el problema es recuperarlo. Yo miré para atrás y no había nada en el asiento. Estiré la mano y los dedos de mi consorte me aferraron, invitándome a avanzar.

Al señor Chi le sucedió lo mismo, al mismo momento. Solo que al dar vuelta su cabeza no hallo la butaca vacía, sino llena del momento que había pasado allí. Cosa curiosa, uno pasa de largo por la vida sin ver que lo que deja atrás son momentos y no llaves de su casa. El señor Chi lo entendió y lo aprovechó.

En el asiento detrás de el si había algo, el momento pasado. Y en vez de seguir la inercia del futuro se disolvió en lo que dejaba atrás. El tiempo continuó. Para mi hubo escaleras, pasillos, macdonalds, besos y un taxi. Para el, una eternidad en un momento que eligió no dejar atrás. Y creo que Chi es feliz donde está.

Nadie lo volvió a ver porque ese atrás era suyo propio. Yo no se como hizo, no se que hubiera hecho yo. No le hecho la culpa a mi chico de turno ni a sus dedos amorosos que me arrancaron escaleras arriba.

Eso si, a partir de ahora, antes de mirar atrás reviso mis bolsillos cuidadosamente, no va a ser cosa que encuentre la manera de agarrar el ayer, pero sea tan tarado de vagar en la eternidad sin llevar el DNI.

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